He aquí el primer sueño que escribí hace años.
La idea de escribir sueños me encanta porque siempre hay circunstancias absurdas que es interesante recordar. No se si uno debería de firmar con su nombre cuando escribe un sueño, ya que honestamente estos son más obra de nuestro otro yo que del yo-yo, o como quieran llamarle.
Los sueños ofrecen giros inesperados y además tanto la mente como el cuerpo son libres de maneras que en la realidad posiblemente nunca lo serían.
Al menos yo nunca he conocido a alguien que vuele por los aires, que pueda viajar en el tiempo o incluso que tenga oportunidad de tocar un astro con sus propias manos...
LA LUNA.Ese día desperté con la cara de un niño de seis años cuando descubre sus juguetes bajo el árbol de navidad. Me tomó unos minutos tratar de recuperar todas la imágenes que tiempo antes habían estado saturando mi mente con información confusa y carente de todo sentido. Y es que aunque para el resto de los habitantes de mi casa era un día común y corriente, para mi era una mañana distinta; yo acababa de tocar la luna con la misma mano con que ahora abriría mi puerta. Un día antes me acosté alrededor de las dos de la mañana, mi hora habitual de dormir, y apenas cuando cerré los ojos, segundos después me pareció que mi cuarto se iluminaba de una manera nunca antes vista. Era imposible que fuera de mañana, ya que según mi entendimiento dictaba yo había puesto la cabeza en la almohada apenas hacía unos minutos, así es que como esto no tenía explicación lógica, decidí averiguar. Soy una persona que le incomoda de sobremanera oír o ver algo a lo lejos y quedarse con la duda; lo admito me da pánico no encontrar una explicación razonable a esa clase de cosas, sobretodo a las dos y cuarto de la madrugada. De tal suerte me levanté de la cama completamente vestido con unos jeans y una playera que no recordaba haber usado nunca. Sin perder el tiempo cuestionando mi atuendo, abandoné mi habitación. Al salir de la casa me percaté de dos cosas, primero que mi calle se veía distinta, y segundo que aquel resplandor había desaparecido, de hecho la noche era sumamente oscura y tan sólo había un farol que había reducido su capacidad de alumbrar, gracias a que una pareja de golondrinas con aparentemente más frío que yo, había decidido anidar en él. Al parecer todo está en orden, pensé. Pero al darme la vuelta para empezar a caminar hacia la puerta del zaguán me percaté que poco a poco mi sombra se hacía más grande. Lo primero que pasó por mi mente fue que las pobres aves habían tenido un incendio en su hogar. Fue entonces cuando volteé la mirada y me percaté que la luna estaba incrementando su tamaño de manera inexplicable. ¿Que podía ser?, es un hecho que no podía estar creciendo, entonces la única posibilidad era que el satélite se estaba acercando a La Tierra. Duró sólo unos segundos hasta que llegó a un punto en que vi la luna más grande que he visto en mi vida; no se podía comparar ni con aquella que observé alguna vez desde la casa de mi tío en Cuernavaca a la cual siempre hago referencia cuando hablo de lunas grandes, ésta era realmente algo fuera de lo normal. Justo cuando la analizaba se alejó repentinamente como si hubiera sido catapultada de regreso a su lugar, hecho que logró hacerme perder la razón y me dejó con tal asombro que no fui capaz de gritar ni de emitir ningún sonido para alertar al resto de la población de mi colonia acerca de este fenómeno sin precedentes. La luna se había acercado y alejado como si fuera un yo-yo visto desde el suelo; esto era sin duda el evento más raro que hasta ahora había presenciado en toda mi existencia. Me quedé ahí en la banqueta como si no hubiera pasado nada, como si no hiciera frío, como si no fueran más de las dos y media de la mañana; como si no hubiera visto a la luna caer a toda velocidad. Segundos después el evento se repitió causando ahora una combinación de horror y misterio que jamás he logrado sentir en una butaca frente a una pantalla donde se proyecta una súper producción gringa. El “efecto Yo-Yo”, como decidí llamarlo, era cada vez más impresionante y la luna se acercaba cada vez más. No sabía si debía avisar a mi familia o si lo mejor era dejarlos dormir ya que de todos modos el final estaba cerca. Decidí dejarlos en paz y esperar lo peor. En la décima ocasión finalmente el astro tocó el suelo partiendo la calle de enfrente de mi casa de la misma manera en que las raíces de las jacarandas han destruido la banqueta en la cuadra donde vive mi abuela. La luna tenía algo extraño, yo nunca puse atención en mis clases pero estaba seguro que sería muchísimo más grande de lo que ahora veía. Apenas y alcanzaba a tapar toda la calle entera a lo ancho; era demasiado pequeña. Así al ver que mi amenaza era tan chica e insignificante y que mis especulaciones apocalípticas no podían ser, decidí acercarme y disfrutar de ese show que la naturaleza y sobretodo el destino habían preparado para mí. Su superficie era sumamente lisa y brillante, era como de cuarzo y se sentía realmente fría. La acaricié por unos instantes y entonces decidí ir corriendo a contárselo a mi hermana. Abrí la puerta de mi casa y entré corriendo como loco, tan rápido que no vi a uno de mis gatos y por evitar pisarlo me tropecé y salí volando por los aires cayendo inconciente. Segundos después abrí los ojos en mi cama y vi una vez más el resplandor; me paré de la cama sobresaltado, solamente para percatarme que la luz provenía del sol y era de mañana; qué cosa más extraña.
Manu Giménez es Licenciado en Mercadotecnia por el Tec de Monterrey CEM. Ha trabajado en varias empresas en áreas de Ventas, Mercadotecnia y Comunicación. Actualmente vive en Cancún desde donde participa con su verdadera pasión que es la redacción de textos.
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Comentarios
La verdad si que impresionante y disparatado puede llegar a ser un sueño, no tengo esa capacidad de acordarme, muy pocas veces me ha pasado pero los olvido rápido.
Saludos
Besitos