Seguramente sería un gato.
Justo hace unas horas platicaba con un amigo que tiene un perro salchicha. El día de hoy va a llevar a casa un gatito nuevo y teme por la seguridad de éste, por el tema del odio ancestral perro-gato. En cuanto llegamos a nuestro destino, llegué a la conclusión de que si yo fuera un animal, seguro sería un gato.
Le dije: “En mi experiencia personal la manera más fácil de que un gato y un perro se lleven, y por qué no decirlo, que tu gato y tu familia entera se lleven bien también, es asumir que a la casa ha llegado un nuevo emperador y todos incluyéndote a ti, a tu esposa y a tu perro salchicha son sus nuevos lacayos”. He visitado muchas casas con perros y gatos y las únicas en que se presentan problemas, son aquellas en que los perros no asumen su posición en la pirámide social.
Además admitámoslo, posiblemente ese gatito le tendrá miedo al perro dos meses, pero en cuanto crezca un poquitito el perro automáticamente será el ser más estúpido que viva en esa casa. ¡Y dejemos la estupidez, la impotencia!
¿Imaginan ustedes ser un perrito salchicha que camina pegado al suelo moviendo la colita por todas partes tratando de agarrar a un animal salvaje y ágil que se mueve como un fantasma por toda la casa sin poderlo siquiera tocar?
Pobre perro. Creo que el día de hoy comenzará el final de la existencia de su dignidad, si es que alguna vez la tuvo. A veces creo que salvo un perro con cara de malo como un Doberman, en general esa especie carece de este atributo. Lo suyo es más bien todo lo contrario; son sumisos y complacientes por naturaleza.
No le quito mérito a los perros, todos sabemos que los perros son más listos y que les puedes enseñar trucos y a dar la pata, pero en realidad creo que ese tipo de inteligencia no va conmigo.
Definitivamente sería yo un gato. Dormiría en las posiciones más comprometedoras, seguro de mi mismo y tranquilo, porque nadie jamás se atreve a juzgar al soberano. Trataría mal a mis dueños exigiendo comida y recreo cada vez que lo deseara. Y en ocasiones cuando ya los viera muy hartos, les daría "chance" de hacerme cariñitos para hacerlos sentir los jefes por un rato, y de paso que se les olvidara todo lo que jodí durante el mes.
Como se podrán imaginar en mi casa disto mucho de ser el “Macho Alfa”. Esta posición la cubre un pequeño sinvergüenza llamado Macario; un gatito cabrón de tamaño mediano que jode a diestra y siniestra y nos tiene a todos los demás habitantes de la casa, a sus órdenes.
Qué envidia….
¿Qué tal esa actitud de Sultán?
Manu Giménez es Licenciado en Mercadotecnia por el Tec de Monterrey CEM. Ha trabajado en varias empresas en áreas de Ventas, Mercadotecnia y Comunicación. Actualmente vive en Cancún desde donde participa con su verdadera pasión que es la redacción de textos.
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